Voy a señalar algunas cuestiones que pueden interpretarse como peculiaridades, desde una visión no del gobierno porque no estoy hablando oficialmente desde el gobierno, pero si desde una visión que sabemos que es compartida entre el gobierno y la fuerza política; que está además marcada en el programa con el que la fuerza política llegó al gobierno y que así lo expresa en los actos militantes y en las manifestaciones de los parlamentarios.
No quiero caer en el abuso de sintetizar esto como una visión de izquierda, primero porque podría interpretarse como una expresión sectaria, si bien es patrimonio de las fuerzas de izquierda, no tiene porque exclusivamente y afortunadamente no lo es. Además esto nos plantearía la pregunta agregada de ¿qué es izquierda?, por lo menos en el espectro político del Río de la Plata y en estos temas.
Así que ya en la introducción dejo de hablar de un tema que es muy polémico y que quizás algún día tengamos que retomar: existen o no familias ideológicas en el Río de la Plata y cómo se alinearían los partidos y las ideas para darles su propio impulso a un proceso integrador al estilo del de Europa formado por el Partido Socialista Europeo 40% de los 740 o 750 parlamentarios del Parlamento Europeo y el otro gran bloque Partido Popular europeo que reúne fundamentalmente a la Democracia Cristiana y a otros partidos, algunos liberales, aunque los liberales y los verdes tienen su propia coalición y además, los comunistas., etc.
Nosotros no tenemos todavía un avance de discusión política en el Río de la Plata y en el Mercosur que nos permita perfilar una visión político partidaria o una visión ideológica sobre estas cuestiones, nos vamos orientando sobre la marcha y construyendo una cultura de la integración; sin embargo hay algunos patrones, que nos vienen de la historia y que los tenemos que recoger porque es nuestra decisión tratar de ignorarlos o potenciarlos. Sobre el tema de la Banda Oriental, todos sabemos que no somos un país independiente porque esa fuera nuestra decisión primigenia, ni fue nuestra lucha independentista original. Nosotros no somos parte de la Confederación Argentina o de las Provincias Unidas del Río de la Plata o de un proceso integrador que nos hubiese hecho parte de una nación más grande, porque los poderes dominantes de la época de nuestra independencia. Brasil, el unitarismo porteño, no el argentino, y el imperialismo inglés decretaron que la Banda Oriental debía transformarse en un país independiente y no en una provincia autónoma o en un territorio autónomo, pero parte de una alianza confederal o vinculada por algún tipo de integración o una construcción nacional mayor. Las consecuencias de la historia no pueden ignorarse, sobretodo porque 180 años de historia es un segundo en la vida de los pueblos y esas consecuencias repercuten hoy y han marcado a este país caracterizado como frontera, pradera y puerto. Esto quiere decir que nuestra interdependencia, en múltiples facetas, de la vida con la nación argentina, es un dato insoslayable de la realidad, hemos tenido períodos de encuentros y de desencuentros, de acuerdos y de enfrentamientos, discusiones muy fuertes por temas que se han resuelto y otros que todavía no se han resuelto como son los temas que tienen que ver con las condiciones de la navegabilidad de algunos canales, los acuerdos de dragado, cuestiones aduaneras, etc., sin mencionar las cuestiones limítrofes que son especialmente irritantes.
¿Esto que quiere decir que uruguayos y argentinos podemos vivir de espaldas? No, primero porque estamos marcados por estos acontecimientos históricos y segundo porque es preferible hacerse responsable, concientemente de las consecuencias del proceso histórico y no tratar de ignorarlas porque si uno se hace responsable conscientemente de las consecuencias de un proceso histórico, que transcurrió hace apenas un segundo en la historia de la humanidad, podrá asumir estas consecuencias y tratar de transformarlas en estrategia y no vivir zozobrando permanentemente frente a estas consecuencias como si fueran una fatalidad ingobernable. Por tanto los grandes países de la región que decidieron que nosotros fuéramos un estado tapón con el patrocinio del imperialismo inglés, tienen que hacerse también responsables de las consecuencias del desarrollo económico, social e institucional del Uruguay, porque han sido parte de la construcción geopolítica del Uruguay y nosotros tenemos el derecho de exigir que se involucren y que se hagan responsables de las consecuencias del proceso histórico en el cual fueron partícipes.
Lo que estoy tratando de trasmitir es la idea de que todos tenemos un compromiso histórico con la integración. No es simplemente una ocurrencia estratégica de fines del siglo XX estamos retomando un compromiso histórico con un proceso, que de la manera que se desenvolvió en el siglo XIX y en el siglo XX y terminó transformándose en un obstáculo fenomenal para el desarrollo de nuestras naciones y aun Brasil siendo la nación de la estatura que es, es un país subdesarrollado en el mundo. Brasil que luego del golpe contra J. Goulart, dado en 1964, por Castelo Branco, buscó sus vías de desarrollo transformándose en el sub-imperio norteamericano, en el sur, es decir en el gendarme, socio de los norteamericanos en el hemisferio sur, llegó 20 ó 25 años después a la conclusión de que este camino tampoco lo había transformado ni en una potencia, ni en un país desarrollado, ni en un país capaz de competir con el mundo central, en las postrimerías del siglo XX. Los estrategas de Brasil terminaron construyendo otra estrategia, la estrategia de la construcción de un bloque liderado por Brasil. Nosotros, de alguna manera, aceptamos la posibilidad de que ese bloque fuera liderado o reconocimos a Brasil como economía líder, sin embargo tenemos que admitir ahora, transcurridos 14 ó 15 años de este proceso, que en la actualidad el liderazgo de Brasil en el proceso integrador es absolutamente débil e insuficiente
La primera tesis que se planteó, es que si no cambia el liderazgo de Brasil la integración está absolutamente en riesgo. Brasil tiene que responsabilizarse de la estrategia que ha construido. Lo dice un socialista uruguayo, cuyos vínculos ideológicos y políticos con el PT de Brasil son absolutamente inocultables. Pero si no cambia la actitud de liderazgo de Brasil respecto a la integración, aquí no hay integración, esto lo he formulado no solo aquí, se lo he dicho a los compañeros en Brasil y en Paraguay. Tenemos el deber de ser autocríticos entre compañeros, si queremos asumir el proceso, Si no somos autocríticos vamos a seguir deslizándonos por una pendiente de deterioro, que va a terminar minando la confianza y haciendo prácticamente irreconstruible una institucionalidad y una coordinación sana en el funcionamiento del Mercosur.
Creo que Brasil y Argentina tienen que asumir el proyecto, no solo por definición actual, por comprensión profunda de lo que ha sido nuestra historia de estos 200 años y porque además, en el mundo actual, la vida nos ha enseñado, que en el mundo uni polar, si hay alguna posibilidad de reequilibrar el poder, en el ajedrez mundial, es mediante la construcción de bloques que tengan mayor capacidad, porque no solo construyen su fortaleza en base a sus sinergias internas sino que eso les da mayor capacidad de negociación exterior frente las grandes potencias.
Aquí estriba un poco una visión bastante particular de la integración que nosotros tenemos, y es que nosotros queremos enfatizar los avances de la integración como proyecto político estratégico y darle un contenido que vaya más allá de lo económico – comercial.
Como segundo tema de reflexión quisiera plantear lo siguiente: así como no es posible una integración puramente económico – comercial porque el Mercosur es un proyecto político y si no tiene el consenso político, voluntad política, acción política institucional y de masas, no puede transformarse en el verdadero proceso de integración. Del mismo modo que si no construye una base económico – comercial suficientemente clara y eficaz, no habrá base material para la integración.
Por tanto, es absolutamente falso o equivocado decir que como el Mercosur no avanza en sus logros económicos – comerciales hay que salir del Mercosur.
También es equivocado pensar que la solución de los problemas del Mercosur es solamente más institucionalidad política o más educación o difusión social. A esta altura de las cosas, cuando decimos “más Mercosur”, para nosotros más Mercosur tiene una única lectura: avance simultáneo en los tres campos económico – comercial, político – institucional y social – cultural, si no hay avance simultáneo en los tres campos, no hay más Mercosur, no hay más integración.
Por eso creo que la agenda que están manejando actualmente los coordinadores es una buena agenda. No estoy del lado de los pesimistas, pese a la severidad de algunos de mis juicios y de mis críticas, que tengo la obligación, como militante, de hacerlos y más si me dirijo a compañeros, a partidos o a gobiernos que considero mis compañeros. Porque es mi deber además.
En la agenda de los coordinadores se plantean temas fundamentales, aunque las negociaciones están empantanadas. Por un lado el perfeccionamiento económico – comercial. Es inconcebible que llevemos más de 15 meses de estancamiento sin poder resolver los 13 ó 14 puntos que nos quedan pendientes del código aduanero para perfeccionar la unión aduanera.
¿Por qué el Mercosur no optó por ser simplemente una zona de libre comercio?, por qué se planteó un objetivo más ambicioso y quiso ser una Unión Aduanera. Entre otras cosas porque era importante para los dos países mayores ser una unión aduanera y no una zona de libre comercio, porque esto le da garantías de que los países menores también quedaban sometidos a la disciplina del arancel externo común, por que si no Paraguay y Uruguay podrían usufructuar de todas las bondades de la zona de libre comercio, penetrando en el mercado de Argentina y Brasil, pero no quedaban obligados por un arancel externo común. Por lo cual también podían, a su vez usufructuar, por vía de negociaciones, del libre comercio con otros bloques y obtener ventajas simultáneas, al tiempo que se transformaban en una puerta de entrada a la región sin arancel externo común, sin paraguas arancelario. Por tanto, cuando se definió que el Mercosur tenía que ser una Unión Aduanera, fue porque Argentina y Brasil quisieron que fuera una Unión Aduanera y por que la diplomacia de Brasil hizo un especial énfasis en que tenia que ser una Unión Aduanera. Esto se definió no en el tratado fundacional de 1991 en Asunción, sino en el primer Protocolo de Ouro Preto de 1994. Pasaron 11 años y no tenemos Unión Aduanera, al no tener Unión Aduanera se complica todo el funcionamiento comercial porque no hay construcción de una política comercial común, porque esto está agravado por un sistema muy complejo de origen, porque además se ha producido el doble cobro del arancel externo común, cosa que ahora está en vías de solución. En fin, no podemos construir una política comercial común y si no podemos construir una política comercial común, no tenemos verdadero acceso a los mercados en el campo interno. Sobre todo hay que tener en cuenta además que, no tenemos capacidad de negociación común, como bloque frente al exterior, con lo cual también se cae uno de los objetivos fundamentales de construir un bloque, que es tener capacidad de negociación del bloque en el mundo. Todas estas cosas serias, graves, sin exagerar en los términos, ocurren porque no hemos sido capaces de alcanzar una Unión Aduanera que nos planteamos hace casi 16 años. Pero está en la agenda, se esta discutiendo: el código aduanero, el doble cobro de arancel externo común y los mecanismos de origen. Todo está en la agenda, todo se está discutiendo, no se está soslayando, pero en la medida en que no se ponga más fuerza más voluntad y más eficacia en esto, tenemos que ser conscientes que es un flanco por donde el Mercosur se puede desintegrar.
Mucho más atrasado está el tema de la integración productiva, en esto estamos casi en “foja 0”, esto es un cartel, un panfleto, una consigna. Por terrible ironía del destino todavía nos viene a caer el tema de la pasta de celulosa, nos estamos peleando con Argentina, por poner una planta productora de materia prima no de papel. Nos estamos peleando para producir materia prima para el mundo industrializado. No para producir materia prima para nosotros, porque no vamos a producir papel, qué maravilloso sería que 8 ó 10 plantas de pasta de celulosa todas produjeran materia prima para una gran planta productora de papel en la región y que fuera patrimonio del Mercosur. Pero nos estamos peleando por las sobras del festín, carecemos de un proyecto estratégico de desarrollo común, no lo tenemos, es uno de los problemas fundamentales a corregir que no siempre depende de la voluntad política, aquí juegan las grandes corporaciones, pero la voluntad política puede incorporar un elemento, que no depende de las grandes corporaciones, que es la inversión pública, este tema tampoco ha entrado en la agenda del Mercosur. Me hago cargo de que no ha entrado por la coyuntura económica, porque Brasil y Argentina aunque son grandes potencias son países sobre endeudados y en el caso particular de Argentina está remontando las consecuencias devastadoras de la desarticulación neoliberal de su economía, con los terribles procesos, que ha tenido que pasar, de canje de deuda, etc., etc., incluso faltando todas las consecuencias judiciales por este tema que hoy tiene en el mundo, por este tema, todavía sin resolver. De modo que cómo no vamos a comprender, pero, obviamente, si queremos que haya integración, - segunda cuestión en la agenda de los coordinadores- incorporar un programa estratégico de desarrollo industrial, aunque sea como experiencias piloto o de alcance limitado, es una cuestión que los países tienen que asumir y no dejarlo solo librado a la voluntad de las grandes corporaciones. A lo mejor si esperamos por la Federación de Industria de San Pablo nunca vamos a tener proyectos industriales comunes en el Mercosur, un patrimonio industrial común, y por tanto no vamos a tener tampoco avances en otros campos como es la transferencia de conocimientos, la aplicación de tecnología, la complementación, la formación de cadenas de valor. No vamos a tener abierto el camino a uno de los objetivos por los que vinimos a la integración, por que nosotros vivimos a la integración para desarrollarnos y sino podemos desarrollarnos en la integración, entonces tendrían razón aquellos que decían: “relacionémonos con amigos ricos y lejanos, y no con hermanos pobres y cercanos”. Pero la concepción del Mercosur es todo lo contrario a esto, pero si el Mercosur no construye cadenas de valor y un patrimonio industrial coordinado y común, estamos contradiciendo en la práctica lo que nos hemos planteado como objetivo y aspiración.
En tercer lugar está en la agenda el tema del relacionamiento externo. Es una cuestión clave, hasta ahora el Mercosur no ha logrado ningún acuerdo importante como bloque, con el mundo exterior, solamente acuerdos macro, de poco significado, pero no ha logrado ningún acuerdo importante. Porque entre otras cosas no ha podido construir su política comercial común, es totalmente impensable que un bloque que no ha construido su política comercial interna pueda tener acuerdos comerciales hacia el exterior, ni siquiera precarios y quizá esta es una de las explicaciones, hay muchas más y no todas de nuestro lado, del lado europeo también las hay, pero es una de las explicaciones de fondo de porqué han fracasado sistemáticamente los acuerdos con la Unión Europea.
Luego tenemos en la agenda del Mercosur el tema social. En este tema ha habido avances, dentro de cierto raquitisimo del panorama económico – comercial, pero ha habido avances, cosas interesantes, importantes, que repercuten en las vida de los ciudadanos, como por ejemplo casi todos los protocolos, que se han votado este año, que se están votando en los distintos parlamentos. Por ejemplo la libertad de los ciudadanos de radicarse en cualquier país a trabajar, de trasladarse libremente, los convenios de cooperación educativa, la reválida de curricula, los convenios que están proyectándose, aunque todavía no están en vigencia, sobre seguridad social, se puede decir que hay un avance interesante pero que es una política todavía insuficiente, pero está en la agenda y es una cuestión importante para profundizar.
La reforma institucional del Mercosur tiene dos facetas bien importantes, una que es más de tipo técnico, que es el funcionamiento de la secretaría técnica del Mercosur y del funcionamiento interno de las instituciones del Mercosur y el otro es el Parlamento del Mercosur, tema que asoma en el debate próximamente en todos los países, porque hemos hecho un chequeo en la reunión de Asunción y todos los poderes ejecutivos están enviando a sus parlamentos el protocolo que se firmó en Montevideo, el 9 de diciembre de 2005 sobre la constitución del Parlamento del Mercosur.
Finalmente el otro tema que está en la agenda es el ingreso de Venezuela, que por razones geopolíticas, - lo hemos dicho -, para nosotros es trascendente el ingreso de Venezuela en el Mercosur, el Dr. Sergio Abreu planteaba algunos temas referentes al ingreso de Venezuela y hablaba de qué modelo queremos. En primer lugar Venezuela tendrá que aceptar lo que tiene incorporado como base de la integración. Si Venezuela entra en el Mecosur es porque acepta lo que el Mercosur es y lo que tiene firmado y acordado. Segundo el Mercosur es un proyecto geopolítico y estratégico propio, no es el ALCA, no es la propaganda del gobierno de Venezuela, no es la política de hostilidad permanente con los EEUU del gobierno de Chávez. Porque las condiciones particulares del proceso venezolano, las condiciones particulares de construcción del poder bolivariano o chavista, según el decir de algunos que quieren personalizar en Chaves, son condiciones propias del proceso histórico contemporáneo venezolano, que lo llevan a Chaves a tener un perfil propio como líder de la revolución bolivariana de Venezuela, lo cual no quiere decir que esto se extrapole al Mercosur. Es Venezuela que ingresa al Mercosur, no el Mercosur a Venezuela. Pero es de fundamental interés geopolítico que se concrete cuanto antes y se regularice el ingreso de Venezuela al Mercosur.
En esta agenda, donde podemos encontrar una cantidad de difcultades pero también una cantidad de avances, tenemos que analizar el momento actual, hacer una evaluación y una perspectiva. En esta perspectiva, me parece que hay que desactivar algunas cosas y activar otras, Carlos Álvarez ha dicho que el bilateralismo de Brasil y Argentina enoja a Uruguay y Paraguay. Es cierto que el bilateralismo como política nos enoja. Me parece muy honesto desde el punto de vista intelectual que se mencione este riesgo, también esto tiene otra lectura, la que desarrollaba el Dr. Abreu, evidentemente que Brasil y Argentina tienen que hacer ajustes en el proceso de integración porque entre ellos tienen también sus propias asimetrías y Argentina no solo ha tenido asimetrías sino la desarticulación casi total de su aparato industrial en 5 años. Ahora lo que voy a decir va a sonar un poco polémico pero lo tengo que decir con toda claridad porque creo que la lógica indica que es así. Si Brasil y Argentina no resuelven sus problemas no hay integración, ni Mercosur, ni Comunidad Sudamericana de Naciones ni nada. Nosotros tenemos que reconocer que el eje Argentina – Brasil es un cimiento de la integración, y que Argentina y Brasil tienen necesidad de hacer sus ajustes en este proceso, tienen también necesidad de pactar medidas entre ellos, sin que estos ajustes bilaterales se transformen en un bilateralismo dominante. Esto parece un matiz pero quiero marcarlo, porque de lo contrario cada vez que Argentina y Brasil hagan un acuerdo nos vamos a enojar y los uruguayos y paraguayos pateamos el tablero, así tampoco hay integración. Ahora si Argentina y Brasil hacen todos los acuerdos y después nos avisan así tampoco hay integración. Pero la vida tiene sus matices y hay que saber comprender que Argentina viene saliendo de un proceso complejo para su economía. Por tanto han tenido que pactar y me parece bien que Brasil se haya sentado a la mesa a discutir y aceptar excepciones que Argentina le ha pedido para poder defender su aparato industrial. Tampoco ignoro, como dijo Abreu, que esto puede repercutir en el funcionamiento de nuestra propia industria, pero en todo caso tengamos una política de reclamo de ajustes, porque Argentina y Brasil pactaron cláusulas que son absolutamente imprescindibles para la sobre vivencia de la industria argentina, porque también hay asimetría entre Argentina y Brasil no solo de Argentina y Brasil, respecto a Paraguay y Uruguay, como naciones más pequeñas o economías menos desarrolladas. Cuánto les agradaría a las potencias exteriores del bloque una ruptura entre Argentina y Brasil! No me voy a meter en el campo de muchas especulaciones, hay mucha gente investigando y escribiendo sobre esto. Creo que la terrible ofensiva neoliberal que se desató sobre Argentina y la oleada de cientos de miles de millones de dólares de inversiones norteamericanas en Argentina en la era menemista fue para romper la alianza estratégica entre Argentina y Brasil pero eso queda a novel de ensayos porque creo que a nivel de bloques mundiales, a EEUU no le interesa y que se fortalezca el eje Brasilia – Buenos Aires que se fortalezca el Mercosur. En todo caso le interesa una negociación con Brasil, pero no le interesa que se construya una política de bloque con alto grado de autonomía o con aspiración a un alto grado de autonomía en el Cono Sur Latinoamericano.
También voy a decir con mucha sinceridad que, geopolíticamente, creemos imprescindible o muy importante el ingreso de Venezuela al Mercosur, pero un eje Caracas – Brasilia – Buenos Aires no es integración, un eje Caracas – Brasilia – Buenos Aires es un acuerdo Caracas – Brasilia – Buenos Aires pero no es integración y por tanto hemos planteado - como se sabe, sobre todo en el tema energético, cuya discusión y cuyos trazados originales de los proyectos gasíferos eran fenomenalmente para el Mercosur, aunque creo que hay avances y que hay correcciones - que nosotros no vamos a aceptar un eje de estos tres países en base a acuerdos trilaterales, en este caso y que eso se confunda con integración o con Comunidad Sudamericana de Naciones o con integracionismo de ningún tipo, la propaganda es la propaganda y las realidades son las realidades.
Creo que Argentina y Brasil tienen claro que hay que construir una política de convergencia estructural si no hay política de de convergencia estructural, la integración es un mito no tiene objetivo, no tiene sentido. Por lo mismo que dije al principio, tenemos que hacernos responsables de las consecuencias históricas y producto de esta historia del Siglo XIX y de Siglo XX, unos somos unos más chicos que otros y unos somos más subdesarrollados que otros, pero si todos nos vamos a hacer responsables de la historia común, tenemos que construir una convergencia hacia un destino común y por tanto es un mandato de la historia tener una política permanente, no episódica, no cuando Uruguay y Paraguay se enojan ver qué se puede hacer, para mejorar las asimetrías, no episódica, permanente, constante, estratégica de convergencia estructural, y ayudar a Uruguay y a Paraguay a incorporar capital y conocimiento, porque si los países más desarrollados no ayudan como política estratégica y en forma permanente a Uruguay y Paraguay a incorporar capital y conocimiento, que esa es la expresión concreta de una política de convergencia estructural, entonces tampoco estamos haciendo integración.
Nosotros no estamos pidiendo que nos regalen nada, como país pequeño, lo que estamos pidiendo es nuestro lugar como socios, no queremos que nos den, queremos compartir para construir entre todos. La verdad es que la constitución del Fondo de Convergencia Estructural, que se va a aprobar en todos los parlamentos en el correr de marzo o abril, es un gran avance en la concepción de la integración, pero lo que quiero compartir con Abreu es que esta primera etapa del fondo de 100 millones de dólares es absolutamente insuficiente, no es una base material que nos permite decir que estamos avanzando decisivamente en la política de convergencia estructural, pero es un logro importante por tanto tenemos que valorar como tal y sobre todo un avance estratégico estructural del Mercosur, no episódico, no coyuntural, es un avance estratégico estructural del Mercosur.
La institucionalidad política, debate que está planteado, aunque no es el debate de hoy, la constitución del parlamento del Mercosur, que es una necesidad democrática del Mercosur, debe darle transparencia, debe darle representatividad ciudadana, debe darle al Mercosur la existencia de un ámbito permanente de discusión política pública, que el Mercosur no tiene. Por eso muchas negociaciones que uno no sabe ni en qué están, perdidas por ahí, en las oficinas de los técnicos y diplomáticos dicho con mucho respeto, no es una expresión peyorativa, ni hacia los técnicos, ni hacia los diplomáticos, pero no se concibe un proyecto político de integración sin representatividad política de los ciudadanos y sin el parlamento como ámbito de discusión política estratégica permanente y pública. Que eso le falta al Mercosur es algo tan evidente, por que sino muchos episodios no nos hubieran desbordado, por ejemplo el de las plantas de celulosa tampoco, si tuviéramos un sistema político institucional del Mercosur en un diálogo permanente, como representación de la sociedad.
Un ejemplo de esto sería el grave conflicto que tiene Brasil y Paraguay, ahora porque Brasil ha endurecido muchísimo contra del contrabando en Ciudad del Este, donde además de contrabando es un canal de ingreso de droga, etc., etc., Pero incluso los jueces del lado brasileño están hoy en día, rematando hasta los taxímetros y los vehículos que les capturan a los ciudadanos paraguayos cuando los toman en infracción dentro del territorio de Brasil, un endurecimiento muy fuerte, con lo cual Paraguay está planteando también una reacción muy fuerte.
El año pasado 2004, el Presidente Lula a través de la comisión parlamentaria conjunta del Mercosur presentó a las cámaras, en Brasil, un proyecto para constituir un fondo especial para el desarrollo de la pequeña empresa, en Ciudad del Este de 10 millones de dólares y la oposición brasileña no lo votó y sin embargo esto no lo saben ni los ciudadanos brasileños, ni los ciudadanos paraguayos. No digo que 10 millones de dólares hubieran sido una solución para nada, pero eran un aporte y sobre todo eran un indicio de voluntad política de hacia dónde quiere ir el gobierno de Brasil con este tema. Sin embargo nadie lo sabe, tampoco tuvimos oportunidad los parlamentarios del Mercosur de conversar con los parlamentarios brasileños de los demás partidos, a cerca de este proyecto, de saber por qué no lo votaban, o de expresarles nuestra idea o nuestra voluntad de que sí sería necesario votarlo. Como este ejemplo podríamos manejar muchos más. A esta altura parece una necesidad insoslayable, si estamos apostando en serio en la integración, no solo hacer una reforma institucional interna de los mecanismos de funcionamiento del Mercosur sino dotarlo de un Parlamento electo por los ciudadanos del Mercosur para que cumpla. Este es un debate que seguramente se anunciará en las próximas semanas en los cuatro países.